50 • Julio | Agosto 2026 • abasto.com • INDUSTRIA ALIMENTOS LA REVOLUCIÓN DEL CARRITO: PIGGLY WIGGLY Y EL AUTOSERVICIO (1916) El 6 de septiembre de 1916, un ven- dedor de Memphis llamado Claren- ce Saunders abrió las puertas de un establecimiento que cambiaría para siempre la manera en que el mundo compra alimentos. Lo bautizó con el nombre más in- sólito de la historia del comercio: Pi- ggly Wiggly . Cuando alguien le preguntaba por qué ese nombre, Saunders respondía con picardía: “Para que la gente haga exactamente esa pregunta”. Lo verdaderamente revolucionario no era el nombre, sino el concepto: por primera vez, los clientes podían tomar una canasta y recorrer los pasi- llos ellos mismos, eligiendo sus pro- pios productos de estantes abiertos. No había dependientes que les atendieran; los precios estaban mar- cados en cada artículo. El autoservi- cio no solo era más eficiente: era más barato, y los consumidores lo adopta- ron con entusiasmo. Para 1923, la cadena contaba con 1,268 tiendas en todo el país, con ventas de $100 millones anuales. EL GRAN SUPERMERCADO NACE DE LA DESESPERACIÓN (1930) La Gran Depresión, que destruyó mi- llones de empleos y fortunas tras el crack de 1929, fue paradójicamente la causante de una de las innovacio- nes más importantes del comercio moderno. En agosto de 1930, un ejecutivo llamado Michael Cullen, rechazado por sus superiores en Kroger, quie- nes no quisieron ni leer su propues- ta, abrió por cuenta propia el primer supermercado tal como hoy lo cono- cemos: el King Kullen , en Queens, Nueva York. Con 6,000 pies cuadrados, mercan- cía apilada en estanterías metálicas ba- ratas y precios arrasadores, el estable- cimiento generó más de $10,000 en su primera semana. Cullen lo anunciaba sin modestia como “el mercado de ali- mentos más grande del mundo”. GUERRA, RACIONAMIENTO Y LA CAJA DE MACARRONES (1940–1945) La Segunda Guerra Mundial puso a prueba la industria alimentaria como nunca antes. Desde 1942, el gobierno federal racionó el azúcar, el café, la carne, el queso, la mantequilla y otros productos básicos. Las amas de casa aprendieron a es- tirar cada libra de carne y a cultivar “jardines de la victoria” en sus patios traseros. En ese contexto de escasez nació una leyenda culinaria: Kraft vendió 50 mi- llones de cajas de sus famosos maca- rrones con queso en polvo durante los años de guerra, pues con un solo punto de racionamiento se podían adquirir dos cajas. Era barato, rápido y llenaba los estómagos. LA EDAD DE ORO DEL SUPERMERCADO Y EL ESCÁNER DE CÓDIGO DE BARRAS (1950–1980) La posguerra trajo prosperidad, su- burbanización y automóviles. El su- permercado moderno floreció: gran- des superficies con estacionamiento, iluminación fluorescente y pasillos que parecían interminables. En 1967 abrió en Pasadena, Cali- fornia, el primer Trader Joe’s , ofre- ciendo productos de marca propia a precios insólitamente bajos para una tienda de especialidades. La gran revolución tecnológica llegó en el verano de 1974: en un su- permercado Marsh de Troy, Ohio, se instaló el primer escáner de código de barras del mundo. El primer artículo escaneado en la historia del comercio fue un paquete de chicles Wrigley’s. A partir de ese momento, la gestión de inventarios y el proceso de pago nunca volvieron a ser los mismos. EL BILLÓN DE DÓLARES Y EL FUTURO DIGITAL (1990–HOY) Hoy, la industria de supermerca- dos en Estados Unidos es una de las más grandes del planeta. En 2025, los consumidores, las empresas y las entidades gubernamentales gastaron en comestibles $2.51 billones. Según la FMI-Food Industry As- sociation, las ventas totales de su- permercados en 2024 superaron un billón de dólares , con aproximada- mente 45,575 establecimientos en todo el país. El supermercado promedio tiene 42,453 pies cuadrados y ofrece al consumidor cerca de 31,795 produc- tos distintos. Walmart, con más de 4,700 tiendas, domina el sector con una facturación global que supera los $572,000 millones anuales. El siglo 21 ha traído consigo una nueva revolución: el supermercado digital. En 2024, los consumidores esta- dounidenses gastaron casi $59,000 millones en compras de comestibles a través de la plataforma de Walmart en línea. El 7.1 % de todas las ventas de supermercados ya se realiza por internet, y el 35 % de las transaccio- nes en tienda se completan en cajas de autoservicio, un eco digital del viejo Piggly Wiggly de Clarence Saunders. En 250 años, Estados Unidos pasó del tendero que anotaba las deudas de sus clientes en una libreta, al algorit- mo que predice qué pondrá usted en su carrito de compras la próxima semana. La mesa familiar ha cambiado, los sabores se han globalizado y la cade- na de suministro se extiende por to- dos los continentes. Pero el impulso original sigue siendo el mismo que animaba aquellos mercados colonia- les de 1776: alimentar a una nación que no para de crecer. • Continúa de la pág. 48
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