48 • Julio | Agosto 2026 • abasto.com • INDUSTRIA ALIMENTOS POR HERNANDO RAMÍREZ-SANTOS C uando los delegados de las 13 colonias firmaron la Declaración de Independencia el 4 de julio de 1776, la mayoría de los habitantes de la naciente nación obtenía sus alimentos de la misma manera en que lo habían hecho durante generaciones: en merca- dos públicos bulliciosos, en almacenes generales donde el tendero despachaba desde detrás de un mostrador, o direc- tamente desde sus propias granjas. Nadie, en aquel caluroso verano de Filadelfia, habría imaginado que, dos siglos y medio después, sus descen- dientes harían sus compras en gigan- tescas naves de acero y cristal, con más de 31,000 productos distintos a su dis- posición, o con un clic desde el sofá de su casa. La historia de la industria alimentaria estadounidense es, en muchos senti- dos, la historia misma de la nación: una saga de ingenio, crisis, guerras, innova- ción y, sobre todo, de un apetito insacia- ble, literal y figurado, por reinventarse. EL TENDERO Y LA LIBRETA DE CRÉDITO (1776–1850) En los primeros años de la nueva na- ción, el aprovisionamiento de alimen- tos era un asunto íntimo y laboriosos. Los mercados eran el corazón social de cada comunidad: en Boston, el merca- do público existía desde 1634; en Fila- delfia, desde 1682. Los viajeros que pasaban por aque- llas plazas describían escenas llenas de vida, con agricultores, mercaderes e intermediarios disputándose el espacio para vender carne, pan, harina, verdu- ras y especias importadas. El almacén general (general store) era la institución comercial por ex- celencia. El cliente no escogía: le en- tregaba al tendero una lista verbal o escrita y este recolectaba los artículos desde estantes y barriles situados de- trás de un mostrador. La mayoría de las transacciones se hacían a crédito, con pago diferido al final de la cosecha o de la temporada. EL NACIMIENTO DEL GIGANTE: A&P Y LAS CADENAS (1850–1916) El país avanzaba hacia el oeste. Los ferro- carriles comenzaron a conectar territo- rios distantes y permitieron transportar alimentos a velocidades nunca vistas. La segunda mitad del siglo 19 trajo la revolución industrial y, con ella, la masificación del comercio de alimen- tos. En 1859 nació la Great Atlantic and Pacific Tea Company, la célebre A&P , que comenzó vendiendo té y café im- portados a precios más bajos gracias a la eliminación de intermediarios. Fue la primera gran cadena de tien- das de comestibles de la historia esta- dounidense. Para 1929, operaba más de 15,000 establecimientos, convir- tiéndose en una de las pocas empresas del mundo con ingresos anuales supe- riores a $1,000 millones. En esa misma época surgieron nom- bres que hoy siguen resonando en cada esquina del país: Kroger (fundada en Cincinnati en 1883) y Safeway (que tomó su forma actual en 1926, cuando el banquero Charles Merrill, de Merrill Lynch, impulsó la fusión de varias ca- denas del oeste). Sin embargo, todas estas tiendas eran diminutas, de entre 500 y 600 pies cuadrados, y seguían funcionando con el viejo modelo del mostrador y el de- pendiente. A U N A N A C I Ó N A L I M E N T A N D O 2 5 0 A Ñ O S D E L M E R C A D O C O L O N I A L A L C A R R O D E C O M P R A S • Sigue en la pág. 50

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